Partiendo del lema. “Gestando competencias para una educación integral”, nos lleva a pensar en la responsabilidad que tenemos todos los adultos educadores en la vida de un niño, de un adolescente, del joven de hoy.
Creo que en los tiempos que estamos viviendo, la familia no puede estar fuera de esta tarea educadora, si bien en los últimos años, la misma ha perdido fuerzas en esa función primordial, urge replantearse esta cuestión y retomar el compromiso sin desligarse o depositar a los hijos en la escuela. Es común escuchar a los padres decir: “Ya no puedo más”, “No sé que hacer con mi hijo..” ó “Se me va de las manos esta situación”. Los padres son educadores por el hecho de ser padres, no necesitan un título añadido, su labor educativa no se agota en procurarles simplemente el “bien-estar”, sino que mira al “SER”, ayudan a que sus hijos lleguen a ser personas que puedan satisfacer sus necesidades biológicas, afectivo-relacionales y espirituales. Educar a un hijo no es lograr que “esté contento” a toda costa, que no le falte nada. Educarle es favorecer su desarrollo como Persona en sus conocimientos, en sus comportamientos, en sus convicciones y actitudes. La persona se logra cuando se siente amada y puede amar. Por otra parte, SÓLO QUIEN AMA EDUCA DE VERDAD. Por lo tanto cuando a los padres se les va de las manos la situación ó no sabe que hacer con su hijo, sin duda está mostrando que algo ha fallado. NO SE PUEDE CONCEBIR QUE UN NIÑO O UN ADOLESCENTE MANEJE Y MANIPULE LA SITUACIÓN FAMILIAR. Te has puesto a pensar en esto..’? ¿Toda la dinámica familiar en manos de niños y adolescentes?…Sí, lastimosamente es lo que se observa más de lo que quisiéramos, no tengo aquí el espacio suficiente como para compartir casos concretos, pero me atrevo a dar algunas hipótesis, desde una mirada al contexto familiar. Hipótesis A: Hay una crisis en la estructura y dinámica familiar Hipótesis B: Hay una crisis en la función socializadora de la familia Esto nos lleva a observar, como consecuencia, las serias dificultades que existen hoy en la escuela, los maestros y profesores tampoco saben qué hacer, dicen: “Yo a este curso no entro más”, ó en casos extremos, salen llorando del curso, porque no se han preparado para esto. El docente estudia para enseñar. Entonces, qué está pasando ¿procreamos niños indefensos y los convertimos en monstruos que nos devoran?, ¿Porqué el niño y adolescente demanda constantemente a sus adultos: padres y docentes, principalmente a los padres? Creo y estoy convencida que lo hacen porque estamos fallando en la base: LA FAMILIA. Los padres tienen miedo de poner límites a sus hijos, de transmitir con firmeza los valores, porque no están educando a la Persona integral, solamente están dando respuesta a una sociedad de consumo, respondiendo en forma desmedida a las demandas del niño ó adolescente, sin enseñarles el valor de las cosas, sin tomarse el tiempo para compartir, dialogar, mimar, corregir y exigir. Una pedagogía de la proximidad, del contacto humano, del AMOR, debe ir acompañada indefectiblemente de la pedagogía de la exigencia, haciendo referencia a mi gran amigo el Hno. Eugenio Magdaleno en su libro Hijos de la Posmodernidad. Por eso considero no sólo fundamental, sino urgente trabajar en forma conjunta : Familia y Escuela, dos instituciones básicas en la vida del niño, como un binomio inseparable que apunte a la misma dirección.
Si bien esta propuesta ya la he presentado en el año 2003, en un seminario en Curso de Rectores , donde se ha trabajado esta temática, con la propuesta de Escuelas de Padres, hoy insisto y convoco a todos los educadores para que juntos pongamos la mirada en el niño, el adolescente y su familia. Pensar en programas de Orientación familiar es fundamental y es la ESCUELA la institución que recibe en su seno a cada familia con toda su problemática. Desde este nuevo espacio: FAMILIA-ESCUELA, se pretende brindar este apoyo y asesoramiento a todas las instituciones que quieran sumarse a este desafío. La propuesta es que cada institución educativa cuente con una ESCUELA DE PADRES, para que desde allí, la FAMILIA encuentre su espacio como parte de la comunidad educativa. Necesitamos padres protagonistas y comprometidos, no espectadores. Por otro lado propongo también la formación de Centros de Asesoramiento y Orientación familiar, desde donde se pueda orientar y contener a la FAMILIA. Los Padres son los primeros evangelizadores de los hijos, don precioso del Creador, comenzando por la enseñanza de las primeras oraciones. Así se va construyendo un universo moral enraizado en la voluntad de Dios, dentro del cual el hijo crece en valores humanos y cristianos que dan pleno sentido a la vida. Benedicto XVI.
Lic. Blanca Operuk
“Lic. en Psicoedagogía, Magister en Psicología.
Extraido de CONSUDEC
